“Cómo puedo capitalizar nuevas oportunidades profesionales cuando otros aún me ven de la misma forma?”

Durante mis dos primeros años en la Ciudad de México, como extranjero en el país, la manera más fácil de conseguir trabajo fue dando clases de inglés dentro de empresas. De corte académico, sociable, y con una pasión intensa por los idiomas y la comunicación, fue fácil acabar como el vocero oficial de un programa corporativo de aprendizaje de idiomas. Esto fue maravilloso al principio, pero pronto se convirtió en limitación. Terminaba mi maestría en asesoramiento psicológico, laboraba en la co-fundación de Conversari Communication, y estaba ansioso por abrir nuevas puertas como consultor y facilitador de talleres. Mi problema: para mis contactos profesionales seguía siendo un maestro de inglés. Y fue ahí cuando aprendí…

La gente te trata como te ve.

No es su culpa. Estamos programados para formar impresiones de los demás dentro de los primeros 10 segundos de conocerlos. Una vez formados, estas impresiones son difíciles de cambiar, y determinan la forma en la que te tratan, así como las oportunidades y limitaciones que podrás encontrar a lo largo de tu vida personal y profesional.

Si la gente te ve como el chico cool, o el gran jefe, esto probablemente es una buena noticia para ti. Pero si la gente te percibe como un analista y tú quieres ser director, o si te ven como maestro de inglés cuando quieres ser consultor, entonces ¡hay que hacer un cambio de imagen personal!

El cambio de marca personal, o branding personal, es el proceso activo de generar y manejar una identidad profesional.

En resumen, el branding personal es el proceso activo de moldear cómo te percibe la gente, para que te traten de la forma en la que tú quieres y así atraer tus oportunidades preferenciales.

¿Cómo hice para actualizar mi marca personal para moverme hacia algo nuevo?…Dos pasos.

Paso Uno: Esclarecer tu valor único.

Una marca personal exitosa empieza por dentro. Es difícil para otros tener una imagen clara de quién eres y de lo que agregas a una organización si no tienes una idea clara de ti mismo. Es común ver carreras que se detienen y flaquean precisamente porque esa persona no tiene seguridad o claridad acerca de quién es, qué ofrece a una organización y lo que quiere.

En mi propio camino hacia el cambio de branding personal, empecé por formular una visión y misión personal y aclarar mi propia propuesta de valor único. Una vez que sabía a dónde quería ir, empecé a sumergirme en la cultura y jerga de mi meta. Antes de poder comunicar una nueva identidad personal al mundo profesional, tenía que actualizar el código de programación de mi mente. Leí libros de negocios, vi vídeos en YouTube, y escuché horas de podcasts del mundo de negocios en mis audífonos en el gimnasio. Probé nuevas palabras como “propuesta única de valor” y busqué oportunidades para usar estas palabras ajenas hasta que fueron tan naturales como “pretérito perfecto” o “frases verbales”. Armado con esta actualización de código, estaba listo para el Paso Dos…

Paso Dos: Administra tu imagen profesional.

Una vez que has entendido tu valor único y tu identidad profesional preferencial, es momento de tomar inventario de cómo te ven los demás en la actualidad. Esta indagación de “imagen en 360º” puede develar fortalezas escondidas así como limitaciones en imagen, y darte una guía de qué tan lejos debes ir. De ahí, se debe montar una campaña de mercadotecnia para presentar el nuevo tú. Como cualquier campaña de mercadotecnia exitosa, debes usar canales tanto personales como públicos, escritos y verbales. La confianza requiere de tiempo y consistencia, así que la clave para crear una marca personal fuerte es sostener un mensaje congruente.

Las identidades son pegajosas. Nuestra persona se forma en comunidad, donde internalizamos las imágenes que los demás nos reflejan de nosotros mismos. Estaba acostumbrado a presentarme con un aire académico y vender mi tiempo por una fracción de lo que cobran los consultores. Para cambiar, necesitaba el apoyo y la retroalimentación de otros. Para asegurar una imagen nueva y clara como consultor y capacitador corporativo en comunicación, tenía que pasar tiempo con otros consultores y ejecutivos de negocios que me percibían como uno de ellos, y tenía que aprovechar su retroalimentación para hacer cambios en mi comportamiento. Su retroalimentación me llevó a reemplazar mis teorías académicas en mis capacitaciones con resúmenes ejecutivos y enfocarme en la aplicación práctica e inmediata. En mi vestir, debía cambiar sacos casuales de profesor por trajes formales de negocios. En mi lenguaje corporal debía adoptar una postura más recta y acostumbrarme a gestos más grandes con las manos abiertas.

También tenía que tomar decisiones difíciles. Si quería ser consultor, tenía que rechazar trabajos como profesor de inglés – aunque eso implicara una incertidumbre económica durante un tiempo. El cambio transformativo siempre incluye un salto de fe hacia una identidad nueva y desconocida. Para que los demás aceptaran mi nueva identidad, tenía que ser claro y congruente con todas mis acciones y mi comunicación. Eso comenzó con contenido actualizado en mi CV y perfiles de LinkedIn, biografías actualizadas en páginas web y nuevas tarjetas de negocio. Pero eso no era suficiente. Empecé a subir contenido en blogs de desarrollo organizacional y comunicación de negocios. Postee contenido relacionado al mundo de los negocios a lo largo y ancho de canales de redes sociales. Fui a eventos de networking de negocios y eventualmente comencé un reconocido programa de MBA.

Necesitamos de otros para realizar nuestros propios sueños.

Si los demás nos ven como queremos que nos vean, su apoyo consciente y subconsciente nos impulsa hacia nuestra visión personal. Si nuestras redes siguen con una visión limitada de nuestro papel en el mundo, estamos en riesgo de estancarnos.

Hoy, mientras escribo este blog de camino a facilitar un taller con cliente y asistir a una conferencia de emprendimiento con mi socio de negocios, pauso y reflexiono en mi evolución continua de marca personal. Tiendo aún a emocionarme con las teorías en mis capacitaciones, y aún abordo mi trabajo profesional con una visión de consejero que ayuda a la gente. Pero sonrío cuando pienso en enseñar inglés. Ahora puedo usar el pretérito perfecto simple: Yo era maestro de inglés.

 

https://conversari.com/es/archives/staff/thomas-veeman-2

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